Dos gotas que se fusionan en una

Hay un estado intermedio entre el amor egoísta a uno mismo y el amor por el Creador: el amor por el prójimo.  Con este fin, el Creador creó este vasto mundo y a nosotros, nos reunió en un grupo, en una decena, para que pudiéramos aprender de nuestras relaciones con los de nuestra propia especie, lo que es odio y amor, unidad y separación, pelea y reconciliación. 

Así, llegamos a sentir lo que es acercarse y conectar con un amigo y con este ejemplo, aprendemos a acercarnos al Creador. 

Resulta que todo nuestro mundo, toda la realidad en la que existimos, es un ejercicio, un juego de niños. Está escrito que este mundo es un juego que debemos practicar para prepararnos para una verdadera relación con el Creador. 

Ahora, gradualmente estamos empezando a acercarnos a la relación con el Creador y podremos ver a qué poner atención en este juego, cómo sumergirnos en el juego entre nosotros, para que podamos llevarlo a la relación con el Creador. 

Debería haber tal reciprocidad entre nosotros, que no nos sintamos a nosotros mismos ni a los demás, sino una sensación de conexión común, un entretejido en el que es imposible separarnos uno de otro y entender dónde está cada quién. Hay una unidad común en la que no hay Creador ni creación, sólo hay un todo único, como dos gotas de agua que se fusionan en una. Las sensaciones e ideas personales de todos, sobre ellos mismos y los demás, desaparecen totalmente. Sólo queda uno y es todo. 

No podemos imaginarlo ahora, porque todo nuestro arsenal de razones y sensaciones, se construye sobre el contraste de opuestos. Y aquí no hay opuestos, sólo el alcance de la unidad, que es el objetivo final del desarrollo.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá del 12/dic/21, “Amor por el Creador”.

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